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No pude dormir mucho esa
noche, no conseguía quitarme de la cabeza la imagen de aquellos seres y más
aun las palabras que me dirigieron.
Tras un frugal desayuno, y movido por una oscura curiosidad, decidí salir a
buscar respuestas. El día amaneció oscuro nublado y amenazando tormenta,
totalmente atípico para la época en que estábamos. No sabia por donde
empezar, atribulado y absorto en mis pensamientos caminaba por la acera sin
rumbo. Perdido en aquellas calles que tan bien conocía con el viento jugando
en mis cabellos andaba y andaba hasta que una primera gota cayo sobre mi
cara.
Luego otra y otra mas, la lluvia se hizo mas fuerte, pero eso a mi no me
importo, ya que siempre había sentido una morbosa atracción hacia el agua me
gustaba sentir como las gotas chocaban contra mi piel y resbalaban en
armónica sinfonía sobre ella.
De pronto recordé que tal vez las respuestas estuviesen en aquel libro, ese
viejo libro, que mi amigo encontró en su casa. Y recordé que con las prisas
lo habíamos olvidado en aquella playa. Llame a mis amigos pero ninguno quiso
volver a ir a ese sitio. Todos parecían querer olvidar la horrible
experiencia. Bien, no importaba, lo haría solo. Necesitaba respuestas, y
allí las encontraría.
Conduje con rapidez hasta la playa, y allí la encontré, igual de vacía que
la primera vez, a cubierto del viento y con aquella angustiosa cueva. Busque
el libro por los alrededores de los restos de nuestra hoguera, allí estaba
medio enterrado en la arena y algo mojado.
En ese momento sentí como si alguien me mirara desde lo más profundo de la
cueva, al girarme me pareció ver una silueta adentrarse en las profundidades
de la misma. Lo seguí. Dentro estaba muy oscuro, tropecé varias veces pero
rápidamente me levanté y proseguí mi persecución. Perdí el sentido del
tiempo, pero no pude dar con la figura así que regrese sobre mis pasos y
volví a mi coche.
Allí empecé a leer el libro y encontré referencias a un viejo culto al mar
que según decía reverenciaba a una gran criatura marina. El culto en sus
principios solía realizar sacrificios de animales a su “dios” a fin de que
este les proporcionase buena pesca y calma en los mares. Sin embargo su
“dios” no estaba conforme y empezó a pedir sacrificios humanos, el culto
cayo en desgracia ante sus vecinos y el seguimiento de esa religión quedo
prohibida.
Aun así se seguían reuniendo en secreto en una pequeña cala apartada del
pueblo. Allí empezaron a mezclarse con los acuáticos seguidores del “dios” y
empezaron a sufrir una degeneración física palpable. Los “mestizos” nacían
humanos, pero a medida que crecían y llegaban a la madurez experimentaban
una transformación, hasta que por fin abandonaban la tierra para juntarse
con sus iguales. Un rasgo característico en todos los mestizos era su
atracción por el mar.
Al leer eso, un escalofrió recorrió mi cuerpo, y enseguida comprendí, yo era
uno de ellos, huérfano desde muy pequeño, ahora entendí la verdad, mis
padres también lo eran y ahora se encontrarían en algún punto, en lo mas
profundo del mar. Y ahora yo empezaría a cambiar y tendría que seguirlos...
Si he de ser sincero, nunca acepte mi destino, y emigre tierra adentro,
donde no hubiera mar o río que me llamase. Sin embargo el cambio no se
demoro y ahora escribo estas líneas a modo de advertencia, no estamos solos
y hay muchos misterios en la vida, cuidad de despertar las antiguas fuerzas
pues conllevan un poder que ninguno podría comprender, y mucho menos
utilizar.
Ahora debo irme, pues mi verdadera familia me espera, allá abajo en lo mas
profundo del mar.
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