Aquí está el artículo que os prometí sobre el reconocimiento médico de la empresa. Un reconocimiento bastante ciervo y susceptible de ser publicado en esta web. Por eso lo tenéis con vosotros. Porque es ciervo. Porque yo lo valgo.

Resulta que primero nos hacen estar allí a las 9.00 de la mañana. Y es que cualquier análisis de sangre, orina o reconocimiento médico no puede salir bien a esas horas, cuando media parte del cuerpo humano sigue durmiendo, y la otra parte no ha salido de la espesura en la que vive inmerso.

La cosa estaba ya bastante jodida cuando vamos allí sin tubos ni nada. Yello y yo habíamos pensado en mearnos en la boca o llevarlo en las manos, porque no se nos facilitó los tarritos destinados a tal efecto con tiempo suficiente; pero ante la falta de higiene de nuestra idea (más que nada, en las manos no lo podíamos llevar porque había que conducir) nos fuimos para allá con la vejiga a rebosar; aunque hemos de decir que el ciervo Yello no se aguantó y se levantó a las 5 de la mañana porque creía reventar xDD

El tema ciervo viene nada más llegar, cuando un manager nos da un tubo de ensayo, y quería que meásemos allí. Jajajaja, imaginaos el percal, un tubo de ensayo con un diámetro de un cm… anda que ya tienes que tener buena puntería para no mearte las manos apuntando ahí jajajaja. Luego lo quiso arreglar dándonos un vaso de esos de plástico como los de las máquinas de café, para mear ahí y luego volcarlo al tubo de ensayo. J0as menudos enjuagues nos mandó hacer, menos mal que una compañera encontró la bolsa de los tarros destinados al efecto, y no tuvimos demasiado problema en desprendernos de nuestra amada orina.

Después nos pusimos ahí en una fila india que daba a parar a una especie de furgoneta siniestra. Yo juraría que esa furgoneta la vi en “La matanza de Texas” Entodavía tenía la marca de sangre de aquel desgraciado que se frotó contra la fregoneta… ver para creer.

Cuando entramos para dejar el frasquito de orina, vimos la cruda realidad. Más quisiera ser esa la fregoneta de los monchines o de la matanza de Texas. Estaba eso más negro que los cojones de un burro mohíno. Primero un servidor se tuvo que agachar para entrar y no por no rayar el techo con los cuernos, sino es que no había otra manera de entrar. La otra manera quizás sería el sacar primero al Gran Doctor de unos 160 kilos de peso, pero entonces se jodía la gracia del reconocimiento, y había que apechugar con lo que había.

Me extrañó un poquito que el doctor no usase guantes al coger los tarros de orina. Una compañera hasta se lo dio abierto… menuda cerdez por Dios… es que se me revuelven las tripas solo de pensarlo. Lo que no me extrañaría es que se chupase los dedos después de manipular nuestros líquidos vitales… era un poquito freak el amigo Doctor.

Acto y seguido, después de tomarnos los datos, nos sacó un poquito de sangre (¿es normal que la sangre tenga grumos, o eso es por las hamburguesas que jalo?) nos dio unos papeles para rellenar y nos salimos de la Fregoneta.

Al de un tiempo, entramos otra vez para finalizar el reconocimiento y empieza la secuencia freak de anormalidades ciervas.
Tenían un medidor de altura de ultima generación. Me parece que era el modelo japonés Sharpx-b31, con reconocimiento de voz. Allí en Zaratán lo llamamos “boligrafo bic” y es que consistía en una pregunta: ¿Cuánto mides? Y tu le decías 1.80 y allí te cascaban 1.80, decías 1.90 y 1.90 que te cascaban!! Decías una paja!! Y una paja que te…

De todas formas lo más chuli molón fue cuando nos dijeron “pésense”. Primero tenías que buscar la báscula, y repito que no porque la fregoneta tuviese 50m2, sino porque estaba ahí debajo de unas palanganas y unos trastos que a saber si no recogían las goteras del aire acondicionado o del éter, que para mi allí se dedicaban al corte de coca, y lo de la medicina era una tapadera. Después de apartar las mochilas y demás artilugios que tenían por ahí tirados, la báscula se basaba en un algoritmo muy complejo de ecuaciones binomiales. Resumiendo, preguntaban cuanto marcaba la báscula, y a lo que diese, llamado X, le restaban 2 kilos de ropa :-O Alta tecnología ultramoderna…

Después me metieron en una cabina que parecía la de un piloto con unos cascos que emitían sonidos, y cada vez que oías un sonido, tenías que aporrear el cristal. Vamos, que ahí nos tiramos todos como unos energúmenos aporreando el cristal como cuando vemos un buen escote por la calle!!! Ahí tos berracos como ovejas modorras aporreadotas de cristales jajajajajaja que enfermedad. Era un reconocimiento médico totalmente interactivo.

El de la vista ya era un poquito más serio, porque tenias que mirar por unos prismáticos mas o menos y tenias que decir que veías, leer la fila de letras y números más pequeñas que vieses y tal.

Luego había que soplar como si fuese un control de alcoholemia por la cosa más parecida a un rollo de papel higiénico atroz y varonil jajajaja es que me meo solo de recordar aquella cosa. Parecía que decía la enfermera: mira mira, sopla por aquí a ver si sale más papel, que me he quedado a medio viaje jajajajaja

Antes de abandonar a la enfermera, me tomó la tensión y casi la jodo el aparato, me dijo que como estaba vivo, si la tenia altísima y yo la dije que era la altura natural del verano, y que no era por ella, que ella no me ponía, y me puso cara rara. En fin. Y luego te tenias que meter en otro compartimiento, donde el doctor te tocaba o se tocaba o las dos cosas. Era un poco freak, te mandaba desnudarte, te tocaba los tobillos, te decía que ahora te iba a tocar la espalda jajajaja incluso a mi me mandó ponerme en cuclillas dándole la espalda!!! Jajajajajaa menudo pervertido.

Lo más divertido de todo fue la medición de reflejos, y es que casi le rompo los vuevos de una patada jajajaja que poco faltó, la verdad es que reflejos a mi no me faltan eii?

Y bueno, ahora estamos esperando a los resultados, que pueden ser increíblemente anómalos y negativos para mi salud física, porque la mental ya no tiene arreglo!!

Good Bye Mr. President!!! jajajaja