|
|
|
|
|
La vida nocturna es una mala consejera. Existe mucha gente que vive de noche, cuales vampiros que se esconden de día y salen por la noche a cumplir con el cometido mas sagaz de la existencia de este planeta. Voraz es su apetito, que les da la vida, les proporciona fuerza, pero a la vez es su condena. El impulso que les lleva a matar es totalmente irresistible, es el instinto animal y salvaje de la supervivencia, la ley de la jungla de que, para dar la vida a un ser otro tiene que morir. Se sabe por boca de todos que los vampiros son sirvientes de Lucifer, matan despiadadamente, secuestran niños para sus maléficos rituales y transforman en perversas vampiresas a hermosas doncellas para extenderse, como si de un terrible cáncer se tratase.
Un cáncer que hay que erradicar, dicen algunos, pero, ¿que es lo que pasa si te pones del lado del vampiro?. Seguramente las cosas no son como las vemos nosotros, frágiles mortales, ganado al que criar para aprovechar de él hasta su última gota de sangre. Sangre benefactora que envuelve a todo ser. Una fatídica noche salí a pasear mi depresión como otras tantas veces he echo. Me sirvieron un Bourbon y más tarde acabe arrastrándome por lúgubres callejones, cuando, cual fue mi desgracia. Eran cerca de las cuatro de la mañana de un lunes de Noviembre, al doblar la esquina un terrible hedor me embargó cuando encontré un apestoso gato muerto. Estaba aplastado como si lo hubiesen atropellado. Al acercarme mas para satisfacer mi morbosa curiosidad encontré algo extraño en el cadáver de aquel animal.
No estaba aplastado sino que estaba seco, le habían sacado toda la sangre. Siempre se habían oído historias de vampiros, pero jamás había creído en ninguna de ellas. Mi educación católica no me permitía creer en semejantes criaturas que habitaban en el entorno de la noche. A unos diez pasos de mi vi correr a una sombra y todavía no puedo entender que es lo que me pasó por la cabeza, pero tuve la imperiosa necesidad de salir detrás de ella. Dos callejones mas arriba la perdí de vista, pero al darme la vuelta para desandar el camino, aquella criatura apareció frente a mi. Era una mujer preciosa. Seguramente la mas hermosa que he visto jamás. Tenia el pelo desgarbado y rubio con unas curvas tan sinuosas que me hacían marear y mas tarde palidecer.
Se dispuso ha hablarme y cuando abrió la boca para soltar su dulce chorro de voz un escalofrío recorrió todo mi cuerpo. Tenia dientes de vampiro, blancos y afilados cual una extraña perla puntiaguda. Con unos ojos hipnotizantes me preguntó que si me gustaba lo que estaba viendo, y yo dije que si con un temblor que jamás había experimentado mi frío cuerpo. Me dijo que la hiciese el amor y yo no fui capaz de negarme a ello. Yo la deseaba pero algo en mi interior decía que no debía hacerlo, pero esos ojos eran demasiado poderosos. La invité a mi casa dispuesto a olvidar toda la locura y la desesperación que atormentaban mi existencia, y en verdad que lo conseguí.
Después de un apasionante momento nuestros cuerpos desnudos yacían sobre la cama de mi alcoba, y en ese momento, volví a escuchar su voz aterciopelada. - Se como yo y nos amaremos para siempre. Extraña propuesta que a la vez era atractiva, me estaba ofreciendo la vida eterna y la eterna juventud. Aterrorizado y paralizado asentí con un pequeño esbozo de voz y una ligera inclinación de la cabeza. Después de tres días mi cuerpo se transformó y sentí una horrible sed. Salí de noche en busca de alguien que me la calmase y unos momentos mas tarde vi a un indigente durmiendo sobre la acera. En ese terrible momento perdí el control de mi cuerpo y me abalance sobre él mordiéndole en la yugular. Al cabo de unos instantes mi sed se vio totalmente saciada pero en ese momento un dolor indescriptible comenzó a recorrer mi cuerpo. Me retorcí por el suelo durante mucho tiempo, más del que yo puedo soportar, y de repente todo se acabo, para que mi sede comenzase de nuevo a crecer.
En ese momento apareció ella radiante, y con su dulce y acaramelada voz me explico el horrible tormento al que había sido condenado. A partir de ese momento todo sería igual. Cada vez que bebiese sentiría ese dolor, ese malestar que te conduce a matar, a matar para sobrevivir. Le pedí una explicación del porque me había echo esto. Solamente me contestó que porque me amaba, y que quinientos años antes en una de mis catorce reencarnaciones había sido su esposo, y cuando ella se convirtió en aquella desgraciada criatura yo la rechacé, y para hacerme pagar por ello me buscó durante todo ese tiempo solo para devolverme una parte de el dolor que sintió, además de para ser semejantes y estar de nuevo conmigo para toda la eternidad. |