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La gente me mira y me ve como a un delincuente. No se dan cuenta de que yo soy diferente, que tengo otras creencias y que sobre todo estoy mas concienciado con los problemas que afectan a nuestra sociedad. La gente no ve esos problemas, y los que lo hacen los conciben de una forma errónea a la que la realidad ofrece. Nací en un rinconcito de Castilla y León, un buen lugar para vivir, y crecí como cualquier otro niño con mis compañeros y compañeras de colegio. Ya en el instituto, las cosas en el barrio habían cambiado, decían que ahora vivíamos en un barrio marginal, de baja clase social. No entendía muy bien el porque nos habían impuesto el titulo de barrio bajo, pero si mirábamos alrededor, los vecinos de toda la vida seguían siendo los mismos, trabajadores honrados, que pasaban el día entero sudando para conseguir aquello que tenían. Una vivienda digna y un trozo de pan que llevarse a la boca cada día. Poco a poco esa gente honrada se marchaba para vivir en mejores lugares, ya que la delincuencia y el vandalismo se habían apoderado de las calles en las que antes jugaban sus hijos. El problema comenzó con
una mala política, una gestión errónea que permitió que gentuza indeseable,
lacra de esta sociedad, accediesen a lo que los mandatarios consideraban el
derecho a una vivienda. Sabia que algo había de hacerse, pero que es lo que podía hacer alguien como yo. Algo mas tarde las leyes de extranjería se fueron a la mierda, mi barrio, mi ciudad, mi país en general, estaba siendo invadido por todos aquellos despojos a los que no soportaba ni su propia gente. Delincuentes que con la excusa de una mejor vida vienen a mi casa a meterse con mis hermanos y a hacerles la vida imposible. Mi barrio fue tomado por bandas callejeras formadas por Rumanos, Gitanos, Sudacas y Negros, que trajeron a mi puerta la droga, los robos y las violaciones, envenenando todo aquello que pisaban. Mi odio por toda esta gente fue creciendo de una forma desmesurada, y me sentía impotente, hasta que un gran amigo me dijo que si yo estaba arto de que toda mi vida y los felices recuerdos de mi infancia se fuesen a la mierda, que le ayudase a intentar evitarlo. Desde luego pensé, que es lo que tengo que hacer para que todo volviese a ser como antes. Así fue como entre a formar parte del F.L.B. (frente de liberación blanca), y comprendí como esos malditos gusanos tendrían que pagar por todo lo que nos habían echo, y en como no descansaría hasta que la supremacía innata de mi raza se impusiese de una vez por todas, para dar al mundo de una vez el correcto orden de las cosas. Se tenia que acabar toda aquella basura solidaria, se tenían que acabar todas esas estadísticas que hablaban de cómo el 90% de los delincuentes eran escoria viviendo como blancos, que se mataban entre ellos como animales. Pero no solo las cosas estaban ahí. La lucha callejera continuaba con todos esos desgraciados que predicaban estilos de música negros, y se contaminaban la mente con esa mierda de la moda del hip hop y todos esos putos rollos hippescos. Así fue como mi barrio y la buena gente como nosotros empezamos una encarnizada lucha expulsando a todas aquellas bestias inferiores de nuestro jodido territorio. Con esta carta quiero llamar a mis compatriotas, a mis hermanos a la lucha, a lograr una vida mejor, en la que la supremacía blanca se defina en general a si misma como la liberadora de nuestra nación. Ahora somos mas y mejores los soldados que seguimos esta noble causa y deciros que siquiera los barrotes de esta prisión en la que me encuentro injustamente recluido podrán detener mi furia, porque os hablo con la verdad. También quiero decir que cuando salga de aquí volveré a estar al frente de la lucha y volveré para hacer que todo cambie a mejor. ¿Acaso es un delito el defender a la familia?. Pues parece que en este país si que lo es. Pero esto cambiara, quiero decir que volvería a matar a ese puto cerdo negro que se atrevió a poner encima de mi hermana pequeña sus sucias garras. Y que seguiré vengándome de él con sus amigos y familiares, con todos los que son como él, hasta conseguir limpiar de nuestras blancas vidas semejante suciedad. Ahora solo me queda una cosa por decir. Quiero que vosotros, mi
familia blanca se eche a la calle con las armas que os otorgo y sigáis
liberando a este país, al que amo, de la podredumbre que lo esta
corrompiendo, para que cuando yo salga pueda ver de nuevo mi casa, y tener
esa vida con la que la gente de honor, como vosotros, sueña. |