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Los ciervos, como el turrón, vuelven a casa por Navidad! Y es que ya era hora eh? Tocaba ya volver con todos vosotros. Atrás quedó ya PcCity, y ahora gozamos de nuevo de tiempo libre para poder actualizar la página y daros, día a día, alguna noticia, artículo o cotilleo para haceros la vida un poco más feliz. Este artículo, a parte de para daros la bienvenida nuevamente, a esta segunda etapa después del paron invernal, es para comentaros el sueño que he tenido hoy. Y es que quiero comenzar una dinámica entre todos los ciervos que sea comentar los sueños que tenemos, sean cuales sean: cortos, largos, extraños, normales, wraros… jajaja!! Yo siempre tuve la sensación de ser una mente extraña. Nunca superior ni inferior a al de nadie, pero si extraña. Muchas cosas de las que sueño o presiento suceden en la realidad. El mundo de la mente es un mundo tan raro como fascinante, y aquí os voy a hacer partícipes de mis sueños, inquietudes oníricas y deseos del subconsciente más profundo. Mis sueños suelen ser algo así como pinturas de Dalí. Cosas surrealistas, casi siempre catastrofistas pero siempre con un atractivo que les hacen interesantes. El sueño de hoy era del estilo. Estábamos como en el medio de un gran desierto. Iba en compañía de una chica vestida con unos shorts color beige, una camiseta de manga corta y un sombrero para protegerse del sol. Estábamos en el medio de ninguna parte, y debido al sofocante calor, los vaqueros se pegaban en mis piernas. Cada paso se sucedía con el anterior de una forma más plomiza, arrastrando los pies sin saber cuantos pasos más podríamos dar sin caer desplomados en el suelo. Ella me cogía del brazo, y aseguraba que en seguida llegaríamos a ver algo que no me dejaría indiferente. De repente, cuando mis fuerzas estaban a punto de agotarse, el suelo pareció desaparecer delante de mi, dejando a la vista un paisaje que chocaba con el crudo desierto: Amplias montañas, prados verdes, y un mar con agua cristalina crecía bajo mis pies con la fuerza y el brío de un tornado. Una pequeña ciudad yacía alrededor de un gran obelisco de más de un kilómetro de altura. Una civilización disfrutando de los placeres terrenales: de la tierra, del agua, de la naturaleza. La única muestra de tecnología parecía emanar del gran obelisco, que dotaba de luz y calor a la ciudad. Mi compañera me decía que era un regalo de Dios. Me dijo que la Gracia de Dios brillaría con fuerza en los lugares más tristes y desolados. Aquel lugar, sin duda, lo era. No sabía muy bien por que me encontraba allí, lejos de mi casa, de mis amigos y de mi familia. No sabía que iba a ser testigo de algo que cambiaría mi vida y quien sabe si también cambiaría el universo. Ella estaba allí, con sus ojos negros observando la que parecía una creación suya de la que se sentía orgullosa, pero su creación estaba a punto de llegar. Me hizo un comentario del poder que tiene el ser humano para construir y para destruir, y sin apenas mediar palabra, en el cielo hubo una gran explosión. Se hizo de noche de pronto. El sol cegador dio paso a la oscuridad más absoluta, iluminada únicamente por una luna sangrante ardiente, que parecía ocupar todo el cielo. En un acto instintivo de protección, me tiré al suelo intentando cubrirme en un pequeño nicho cavado en una roca que había a mi izquierda. Cuando las primeras explosiones cesaron, observé con asombro como mi compañera seguía de pié, observando con una sonrisa la explosión de luz que dio lugar a la oscuridad más absoluta. Cuando conseguí salir poco a poco de mi improvisado refugio, observé con horror, como aquella pequeña civilización había sido arrasada por completo. Los cuerpos mutilados de sus habitantes se hallaban descuartizados por toda la explanada. Los llantos de los niños se sucedían con los alaridos de los animales supervivientes. Las aguas cristalinas se tornaron en un mar de alquitrán, donde se sepultaban los cuerpos de los niños y sus madres calcinadas pedían clemencia por sus almas. Mi compañera leyó en mis ojos los miles de preguntas que se agolpaban en mi mente. Me dijo que lo había hecho bastantes veces ya, quería demostrarme que se podía construir cosas muy bellas y destruir otras más bellas aún. Yo no conseguía comprender nada… ni que había pasado ni siquiera que estaba por pasar. ¿Estaba ante un Dios creador? ¿Ante un Dios destructor? ¿Ante un nueva nueva demostración de un arma de destrucción masiva? Quizás lo que más me asustó fue, que con una sonrisa en los labios, me dijo que todo se contraía o se destruía por mi… ------- Pues hasta aquí mi sueño de hoy. Eso fue exactamente lo que pasó. Las sensaciones que se tuvieron durante el sueño fue de cansancio, de sed, y sobre todo, una sensación muy extraña catastrofista, como de fin del mundo. En el momento en el que esa mujer hizo desaparecer esa civilización, aunque simplemente se vio una aniquilación brutal debido a un estallido de luz y explosiones en el cielo, y a la lluvia de sangre por parte de las estrellas; y por consiguiente, los cuerpos agonizantes de las personas que debajo de mi se encontraban… el mensaje de que eso mismo había sucedido en todos os rincones del planeta era claro. A partir de ahí, unas sucesión de sensaciones difíciles de describir me envolvieron como la manta que arropaba mi cuerpo antes de despertarme. Fin del mundo, acompañado de la persona creadora/destructora y yo como testigo de lujo.
El mundo de los sueños es amplio… Seguiremos informando.
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