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Aquella casa tenia algo especial, algo que la hacia más llamativa que las otras que había visitado. No sabría decir por que me decidí por ella. Sus amplios ventanales, con vistas a la montaña, el hecho de ser la única casa en varios kilómetros a la redonda, por aquellos días buscaba soledad, o quizás el tejado a dos aguas o el carácter rústico que inundaba cada habitación.
Una vez
realizado el traspaso de las escrituras de la casa, procedí a realizar el
traslado. Por fin una casa para mí, y solo para mí. Un lugar en el que al
final podría descansar y alejarme de ella. Ella que había sido todo para mí,
el motor de mi vida se había ido, abandonándome en un mar de desesperación.
Así volví de vuelta a la casa pensando en que podría haberles ocurrido realmente, y a que se referiría el anciano campesino con aquello del mal atemporal. Al llegar a casa arranque el papel de las paredes y pude ver aun hoy las marcas de las balas en las paredes. Y fue al levantar un tablón que parecía mas hundido, cuando encontré unas escaleras que descendían a un sótano.
Busque una
linterna, pues dentro estaba realmente oscuro, y descendí. El sótano estaba
excavado en el suelo, entre los cimientos de la casa, y tanto las paredes
como el suelo eran de tierra. De pronto sentí como algo me tocaba la cara.
Era un roce frío pero suave a la vez. Me gire sobresaltado y vi en un rincón
la figura de una mujer adolescente, resplandeciente y traslucida a la vez, y
sin embargo hermosa. La mujer descansaba sentada sobre sus rodillas al lado
de un baúl. Parecía sostener algo en sus manos. No pude ver bien. Pero
parecía una muñeca. Ella se giro y me hablo en una voz que casi parecía un
susurro. “Te sentí llegar, todos te sentimos, has venido a ayudarnos??”
No puedo determinar el
tiempo que paso hasta que recuperé la conciencia. Pero al abrir los ojos me
encontraba solo en el oscuro sótano. Subí rápidamente las escaleras buscando
a la mujer y a los soldados. Nadie. Sin embargo nuevamente me sentía
observado. La angustia y el miedo me invadieron. Salí de la casa corriendo.
Era de noche, la luna estaba en su punto más álgido ligeramente teñida de un
resplandor rojizo. En el cielo despejado, las estrellas brillaban con
fuerza. Me tranquilicé, lo más probable fuera que la absurda historia de mi
viejo vecino unida a la soledad que atravesaba, y en cierto modo tanto
ansiaba, forzaran mi imaginación hasta tal punto. Volví a entrar, presuroso
de llegar a mi dormitorio y me acosté.
Entonces la volví a ver, ahí estaba ella, vestida de blanco inmaculado, con
su pelo negro cayendo sobre sus blancos hombros. Ella me miraba con unos
dulces ojos color cielo, mientras que sus carnosos labios llamaban a la
lujuria. De pronto una puerta se abre y entra un anciano, tiene en la mano
un palo. Ella se vuelve asustada, le grita “No padre, no. No es lo que
crees. No ha pasado nada... “ Él avanza hacia ella, sus ojos proyectan ira,
una cólera tremenda y empieza a darla golpes. “ Tu furcia, ramera has
deshonrado a la familia” Ella intenta protegerse de los violentos golpes,
sus movimientos se van haciendo más lentos hasta que por fin yace inmóvil en
el suelo. Tras esto yo me despierto. El baño relajante ha dejado de serlo,
empapado mitad en agua y mitad en sudor salgo de la bañera y me seco con la
toalla. Oigo una voz, es ella de nuevo:” Tu nos ayudaras? El nos mato y no
descansaremos si no nos ayudas” Ahora incluso la veo como un reflejo en
espejo. Sus ojos muestran miedo, pero también esperanza. Una vana esperanza
en mi ayuda. Ayuda que no sabia como proporcionar si bien deseaba ofrecer.
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