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Acaba de celebrarse el primer aniversario de los atentados de Madrid. Esta última semana hemos sido bombardeados por los medios de comunicación (sobre todo la televisión) por mensajes en recuerdo a las víctimas y de todo lo vivido aquel día. Es doloroso recordar, pero más doloroso es pensar que las cadenas mantengan una artificiosa competencia de programas en base al dolor y la impotencia de las víctimas. Cierto es que su deber como medios es informar, pero el dramatismo en este caso habla por si solo. Sin embargo, en ocasiones al encender “la caja tonta”, nos topamos con una María Teresa Campos en su programa matinal intentando, a toda costa, provocar el llanto de una chica que había perdido uno de sus miembros en los atentados, compadeciéndose gratuitamente de ella. Craso error el de la señora Campos, desde luego. El dolor existe, ¿por qué recrearlo?. Puntualicemos no obstante. En ningún momento pretendemos dar a entender que Mª Teresa no sintiera dolor por esa muchacha, pero hay cosas demasiado evidentes que nos resultan, como telespectadores, innecesarias, como en este caso era sonsacar la exteriorización de unos sentimientos de los que no dudábamos. Puede que en esto último nos estemos equivocando. Desgraciadamente, el televidente medio asume con veracidad lo que los medios le ofrecen. En resumen, no se sabe ver la tele, pero tampoco interesa enseñar a verla. Nosotros, los que elegimos que periódico leer, que informativo ver o que emisora de radio escuchar, somos a menudo pasto de excesos, más que informativos, reiterativos de luces tenues colocadas en el ángulo de la escena más adecuado. El 11-M ha sido una desgracia, un cúmulo de emociones, de sentimientos y de impotencia para todos. Para las víctimas además de todo lo anterior, ha sido, es y será un día que ni las imágenes, ni los sonidos y mucho menos las interpretaciones deliberadas podrán definir de forma tan fiel como el cuerpo sin vida de sus hijos, sus miembros apuntados o el ruido ensordecedor de las bombas que hace un año destruyeron las vías de su vida. A todos los que ya no están, a los que les ha sido arrebatada una parte de su vida o una parte de su ser. Por el respeto. Por el derecho a la intimidad. Por el derecho a la vida. 11 de marzo del 2005
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