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Corría el año 1994 cuando Quentin Tarantino nos sorprendió con su segunda película: Pulp Fiction. Escribo en plural porque no me considero la única que vio algo que era poco habitual en nuestras pantallas y en las de todo el mundo en general. Hoy por hoy podría considerar sin demasiadas dudas que fue la película que me hizo ver el cine con otros ojos. Unos años más tarde me encaminé en cuestión entrando en un taller de cine y video del que creo aprendí mucho más en dos años que en cuatro de carrera que estoy a punto de cumplir. No sé si en algún momento pensé en Pulp Fiction mientras no cabía en mi del gozo al tener en mis manos una cámara de 16mm, y es que la acción siempre ha estado tan lejos de mis preferencias en el séptimo arte, que hoy por hoy el tema en cuestión no deja de sorprenderme. No sueño en hacer una película como Pulp Fiction porque no sería mia, sin embargo la obra me hizo soñar. Me convertí en una oyente enfermiza de los 40 principales sólo por un motivo: GIRL YOU’LL BE A WOMAN SOON. El tema interpretado por Urge Overkill me hipnotizo de tal manera que di por hecho que el filme tenía que ser sublime. Hoy no haría eso ni en broma. Lo escuchaba tantas veces seguidas que el momento de ver a Mia Wallace reventándose la nariz resultó ser una tragedia celestial. Hablar de un largometraje como el que toca, a grandes rasgos, es un tanto complicado así que nos centraremos en lo que convierte a Pulp en una obra maestra. La música, los diálogos desenfrenados sobre temas intrascendentes y la sangre a borbotones es una constante en el cine de Tarantino que firma toda su obra. Lo increíblemente original es su guión fragmentado en capítulos –influencia de los seriales que veía en la adolescencia el realizador- que nos sitúan una y otra vez en el mismo lugar pero desde otra perspectiva. Podemos oír de nuevo a Travolta en un segundo plano informando a su compañero de faenas que tiene que evacuar antes de que le vuelen la cabeza en otro wc, propiedad de Butch, el boxeador al que encarna el brutillo de Bruce Willis, mientras, unas mesas más allá dos enamorados enfermizos planean dar el golpe más chungo de la historia de las cafeterías. Casualidad, desde luego no es. Y es que muchos le consideran un maestro con el manejo de la sangre artificial pero sobre el rojo más o menos coagulado -dependiendo que parte del cuerpo se reviente- siempre queda la prosa fría tarantiniana, esa que no nos anticipa muchos eventos pero que nos entretiene hasta el próximo balazo en la boca. Quizás la Biblia, la forma de denominar un tipo de hamburguesa en Europa y en América, las creencias y lo cotidiano, o siendo más drásticos, la carnicería pasajera, precedan lo que más adelante va a acontecer. Me cuesta imaginar a Quentin engullendo una BigMac movido por la fina casquería de su próxima película pero pipa, se lo pasa un rato. No podemos sentarnos y pensar que los polis serán los buenos, los forajidos los que lleven la razón y buscar al asesino en serie para ponerle las esposas. La policía no existe, y si aparece prepárate para morder la almohada. No habrá prácticamente nadie que no sea parecido a nosotros que nos moleste a la hora de apretar el gatillo, hay demasiada mierda que limpiar, así que mejor no lo hagas dentro de un coche con tapicería de piel blanca que el señor Blanco te hará limpiar a la antigua usanza. Si tu padre se introdujo un reloj en el recto para que el enemigo no se apropiase de él y lo olvidas en la huida a cualquier parte, no te quedará más remedio que ver al falso héroe de la Chopper soplándole la nuca a quién, probablemente, no te perdone la vida, o si. Pero como toda película -incluso si habláramos del más fino bodrio- tiene su momento filosófico. Pulp no iba a ser menos. Destacamos dos en especial: paja o muerte y Ezequiel 25:17. El paja o muerte sucede cuando Mia esnifa los polvitos duros de Vega. Vincent, más colocado que la Tani, comenta al espejo del baño que antes de tirarse a la esposa del jefe y acabar aplastado en caída libre, prefiere irse a casa, masturbarse y dormir relajadamente. Parece una tontería pero con varios gramos de coca en la sangre pensar eso debe de ser todo un logro neuronal. Sus planes sin embargo acabarán siendo diferentes. Ezequiel 25:17 tiene dos brillantes actuaciones a lo largo de la cinta. Al primero, paradójicamente, le precede la maravillosa hamburguesa de un pringado que acabará, como era de esperar, más frito que el pelo de Jules y el segundo, convertido en una buena acción dejando a Pumpkin y Honey Bunny escapar con todo el dinero pero sin la cartera de Samuel L. Jackson tras un bonito pregón para “malos”. Y es que a un gangster nadie se la juega, con o sin recortada. El versículo bíblico más que en excusa se convierte en una interpretación amoral pero subjetivamente defendible. La religión mató pero también perdonó y para muestra de esto el final de Pulp Fiction. El ritmo del filme desde el primer minuto hasta el último reside en la música que sale hasta de los apartamentos ajenos a la trama. Desde el bajo destrozado de Misirlou, tema principal de la película ya comentado en líneas anteriores de Urge Overkill, The Revels en el acto de sadomasoquismo homosexual hasta la voz de Maria McKee. Banda sonora comercializada con los diálogos introduciendo cada tema, como si pudiéramos vivir la película sin imágenes o como si fuera imposible escuchar esa música sin relacionarla con Pulp. En un caso o en otro, la música para su director resulta tan imprescindible, que a parte del twist y desvaríos varios protagonizados por Travolta y Thurman, el resto de los temas resultan ser del mismo tipo. Es uno de los pocos directores que no recurre a la cortina musical instrumental para rellenar el vacío de los diálogos y situaciones, bien porque sus personajes son unos charlatanes o porque no resta importancia escénica a la música en ningún momento, aunque, también podríamos advertir que la introduce porque le da la real gana, porque le gusta la música, esa música, y a sus personajes, pues también, aunque el único personaje que habla de música en toda la película es la señora de Marcellus Wallace. Pulp no sería lo mismo sin esa música y Tarantino, probablemente no haría estas películas sin esa ella.
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