Corría un día ajeno a nuestra voluntad, débiles imberbes que vagamos por las calles sin ningún tipo de ambición ni ilusión por lo productivo, planeando una de tantas borracheras que cogemos a lo largo de nuestra etílica existencia.

La locura nos ronda la mente al salir a por una insana cena a base de productos calóricos regándolos con los resquicios de un botellón echado a perder por las inclemencias del tiempo.

Aun con sentido en nuestros cuerpos etílicos nos dirigimos hacia un bar en el que ahogar la soledad de un día de diario con un monólogo que ni siquiera llegamos a escuchar.

Nos sentamos en el calor de una oscura mesa dispuestos a pasar un rato ajeno a los problemas de lo cotidiano, cuando nos dimos cuenta de que estábamos incurriendo en lo prohibido, y que el lugar que ocupábamos no nos pertenecía por derecho.

Sin mas y con una decepción creciente en nuestro foro mas interno nos levantamos y nos situamos en un lugar mas correspondiente a nuestro bajo estatus, tomando nuestras insípidas cervezas y volviendo a la monotonía de lo desagradable.

Con un fuego interno corroyéndonos las entrañas salimos del bar sin pagar siquiera por el mal trato recibido, regocijándonos en nuestra cobarde hazaña y riéndonos de la ridiculez recorrida hasta el siguiente bar.

En el las penas se ahogarían de forma insalvable en el alcohol ingerido por nuestros gastados gaznates hasta el punto de la extenuación al que ya estábamos acostumbrados.

La agonía que provocamos en obsoletas camareras que aguantan estoicamente nuestros desprecios reiterados hacia su persona, hacia los clientes y hacia nosotros mismos, poniéndonos en evidencia con la cobardía de la que somos incapaces de desprendernos, con la que vivimos el día a día y con la que nos llevara irremediablemente a la tumba.

Pensando en el mal que nos consume, el que nos hace pagar al día siguiente los excesos cometidos anteriormente y cayendo en el abismo del tiempo desperdiciado nos despertamos al día siguiente de una forma parecida a la jornada anterior, pensando en el lugar en el que nos pondremos en evidencia esta noche.

Regocijándonos en nuestra inmundicia, y riéndonos de la salud de los cuerpos que poco a poco destrozamos de manera tan ferviente, aun tenemos la osadía de reírnos ante tales hechos, de consumir nuestra poca lucidez restante en la opacidad de lo pasado, suicidando nuestra mente ante lo más valioso que tenemos que es la amistad que nos une en comuna.

Amistad de la que ni siquiera nos damos cuenta porque la camuflamos entre los licores de una manera militarmente eficaz.

Las resacas que compartimos al día siguiente nos unen mas aun a la comuna de la que formamos parte, nos unen mas aun a nuestros comunes beneficios y nos unen mas aun al desperdicio de la vida que consumimos de manera tan terrible cada vez que salimos de nuestras casas a pasarlo bien, haciendo que otros lo pasen mal, otros que realmente poco nos importan, otros que sencillamente no son como nosotros.

Pero hay cosas aun más terribles que se escapan a la comprensión, a la lucidez y a la veracidad.

Existe realmente juventud mas perdida que nosotros, que derrochan la preciosidad de la energía incurriendo en drogas y fatalidades que deshacen lo que nos convierte en lo que somos y destrozan no solo su existencia, sino la existencia de los que los rodean.

Por eso quiero decir que nosotros no somos tan buenos, pero que no somos tan malos, que tenemos una dualidad entre las dos cosas que combinamos lo mejor que podemos y que se sostienen en una armonía que aun no se ha deshecho.

Por eso os invito a todos los que leáis estas líneas tan llenas de bobadas que solo se le pueden ocurrir a una mente resacosa como la mía a que os divirtáis todo lo que podáis, que no despreciéis lo que os apetece hacer en el momento porque es ahora cuando podemos, que mañana puede que todo se estropee, que las cosas cambien y acabéis arrepintiéndoos de lo que no habéis echo.

Y como dijo algún listo, arrepentíos de lo que hacéis pero no dejéis de hacerlo por eso, porque el arrepentimiento por lo no que no hacéis es más destructivo que el de lo cometido.

Pues con dos cojones y al lío que son dos putos días, que no penséis en lo que pasara mañana y disfrutad a tope de lo que tenéis hoy que no es poco.

Saludos cordiales, y que los cervatillos os guíen por el buen camino.

                                               Saiya.