El sexo es, y siempre será, un tema tabú. Resulta increíble que tratándose de algo tan fundamental, humano y gracias al cual, estamos en este mundo de locos, la gente se sonroje o evite hablar de ello. A mi me molesta hablar de los exámenes, del paro, de la falta de oportunidades, de la hipocresía social y política, del hambre en el mundo…¿Pero del sexo?, ¿Por qué me iba a molestar o  avergonzarme  hablar de algo tan lógico, natural y universal?. Aviso para aquellos mal pensados monotemáticos: ¡No se trata de la obsesión de hablar de ello como si se nos fuera la vida en ello!, lo siento pero me temo que no voy por esos derroteros, precisamente, me refiero a que no tienes que ser un pilluelo adolescente ni un futuro proxeneta para opinar y explorar en el tema. Llegados a este punto, si ya a muchos os cuesta abordar el tema en ambientes distendidos, entre papa y mama comiendo el postre del domingo, corréis el riesgo de morir asfixiados por atragantamiento. Esa falta de confianza con quien os ha parido y limpiado el culito, permitirme escribir, no es normal.

“Mi madre sabe que follo, estoy seguro”. Lo recuerdo como si fuera ayer… corría el invierno del 2001 –quizás fuera otoño, vaya, ya no lo recuerdo tan bien- cuando Jota me deleito con  esas frases que resumían, más o menos, su descarado, pero conservador, ambiente familiar. Las madres no necesitan pillarte los condones para saber lo que haces, lo que les preocupa realmente es que estén caducados, puede que incluso más que a ti. Una madre fiel te sustituirá el preservativo discretamente y acabará salvándote de un disgusto, y ella, de la “terrible” noticia de ser abuela a los 40.

Desde luego, tu madre también lo sabe, y la del otro y la del más allá, ¡Todas lo saben!. Pero no te confundas, puede que halla madres que se lo imaginen pero que no quieren reconocerlo y otras que, sin embargo, están deseando que un día se lo confieses mientras contempláis un anuncio de campaña contra el sida o del predictor. Tranquilo, no pasa nada si tu madre sabe que fornicas, al fin y al cabo ella sabe que tú sabes que tu padre y ella, o sea tu madre, comparten lecho y actividades realizables en él, pero…¿A que jamás se lo has preguntado?. ¡Cuan bonita es la familia siempre en igualdad y armonía entre sus partes!.

¡Tú! Si, si, no mires hacia otro lado. Tú tienes cara de adolescente pillado in fraganti en el baño mirando hacia el techo, tan blanco como tus ojos, perdiendo la noción del tiempo, del ser, y de repente, ¡Plas!, ¡sorpresa!, ¡mamá te ha pillado con las masas en la masa¡. Al día siguiente, tu propia madre, observa conveniente llamar a la puerta antes de entrar.”Pobre criatura si ya sufría claustrofobia cuando vino al mundo”, piensa para sus adentros. A ver si ponemos el pestillo antes de que pierdas la noción del tiempo, que luego tu madre se siente ridícula de excusarte y con toda la razón del mundo. Estás en el séptimo cielo si, al lado de la bañera y frente al wc, habitáculos testigos de tus actos más impuros y placenteros, de encontrarte a ti mismo sin que nadie te pregunte, esos momentos si…

Pero haz el favor… ¡el pestillo!