La Noche(by ErDavi)
Era una noche de invierno más de mi insulsa existencia. Yo salí del teatro había visto de nuevo "Romeo y Julieta". Estaba enamorado de la protagonista de turno, pero como siempre me veía sometido al miedo invencible al rechazo, que sólo me dejaba presenciar la obra y salir corriendo sin prisa alguna hacía mi casa.
Había varios caminos para llegar a esta, pero como ocurre en estos casos, en los que nada importa la vida, elegí el camino más peligroso. Calles vacías de gente y llenas de nubes, que por una vez se ponían al alcance de mis manos, como si fuera el cielo, o más bien el infierno de la soledad. br>
El camino transcurría tranquilo, cuando de pronto un coche surgió de la nada, arrojo un bulto y desapareció de nuevo entre la niebla. ¿Qué sería?. No sabía si acercarme o no. ¿Quién soy yo para tener una experiencia no común? Y encima más en estas circunstancias, en las que nada bueno podría ser.
Me arme de valor, un poco polvoriento de no usarlo, pero servible todavía. Parecía una alfombra y al acercarme más descubrí que lo era. Una simple alfombra, tanto tiempo esperando que aconteciese algo emocionante en mi patética vida y resulta que sólo era una puñetera, sucia y mal oliente alfombra vieja.
Para una vez que me atrevía a sentir y un fiasco más en mi ridícula existencia.
Asustado todavía por la incertidumbre del qué será, divise las luces de un Púb. musical en cual decidí al momento ahogar mis penas, más que nada por hacer más llevadera mi estancia en la tierra. Sin ganas de nada abrí la puerta:
-Camarera, un baileys por favor.
Me senté sólo en una mesa frente a un escenario vacío. Junto a mi había lo que a simple vista parecían tres o cuatro fantasmas más, que como yo habían renunciado a la esperanza y se habían entregado a la desidia. Parecían esperar algo o a alguien, uno de ellos parecía incluso esperanzado en el fondo. Tenía la mirada brillante e ilusionada, eso si casi imperceptible ya que se escondía entre sus facciones toscas, oculta bajo unas pronunciadas ojeras y su barba natural, por no decir salvaje.
Cuando estaba a punto de acabar mi adorada bebida una belleza inusual inundó el escenario. Me había vuelto a pasar, otra vez enamorado. Deseando cada poro de su piel, deseando sentir su aliento en mi cuello, deseando que esos ojos verdes mar mediodía se parasen en los míos.
Era la mujer más hermosa que podéis imaginar, melena un poco rizada, abundante y de color castaño cobrizo, facciones dulces pero sin empalagar, curvas interminables y difíciles de tomar, una mirada provocadora, pícara, llena de vitalidad, hechizante, seductora, dulce y acogedora. Mis ojos no daban crédito. Sólo llevaba un vestido negro que sin ser ceñido dejaba entrever lo que parecía pretendía ocultar, una figura estilizada y endiabladamente atractiva.
Comenzó a cantar algo, desconozco por completo el que. Tenía la voz dulce y pícara, primero parecía que te acariciaba, te envolvía, te arropaba, pero a medida que avanzaba la canción despertaba en ti una pasión desmedida, el deseo fogoso de la posesión.
Eran muchas las sensaciones y escaso el tiempo en se acontecían. La novena maravilla del mundo descendió del escenario, cual ángel del cielo y mi corazón empezó a golpear con estrépito. Tenía un miedo atroz a que se acercase hacía mí, no me sentía preparado, pero también lo deseaba como lo que más. Fue mesa por mesa, embrujando a cada fantasma, convirtiéndolos en sus siervos. Sólo quedaba yo, su siervo más fiel. Al contrario que a los demás, a mí me toco el cuello y me dedicó una sonrisa.
Sentí por un momento que la vida valía la pena y que lo daría todo por ella, y eso sin conocerla. Me sentía como abobado y a la vez completamente excitado. Sentía que esta vez si debería sacar valor y conocer al menos el nombre de esta DIOSA.
La actuación estaba llegando a su fin, las piernas me temblaban de pensar en lo que la iba a decir, las ideas ridículas se agolpaban en mi mente estorbando y bloqueando el paso a cualquier idea medianamente válida.
Estuve esperando en el bar hasta que salió, hice el ademán de hablar con ella pero el miedo me volvió a ganar la batalla. Ella me miró y se fue. A los dos minutos, después de maldecirme por cobarde abandoné el local.
Para mi sorpresa al abandonar el Púb. , ella todavía estaba a fuera. Me quedé mirándola con el corazón infartado, ella me respondió con una mirada acogedora.
-¿Me puedes acompañar a casa?
-Buuueeennnooo
Ella comenzó a caminar y yo la seguí. No me atrevía a decir nada, esto no me podía estar pasando. Paseamos durante dos o tres calles sin decir nada, ni siquiera me atrevía a mirarla. Ella se reía y yo la miraba anodado como un niño hasta que ella me miraba, momento en el cual yo apartaba mi mirada como si hubiese hecho algo malo, atemorizado.
Era lo más lindo, atractivo, hermoso, seductor y todo lo que se pueda decir junto.
Dos calles más allá, ella se paró frente a un portal con la puerta de madera que defendía un edificio que parecía abandonado.
- Gracias por acompañarme.
- De nada, ha sido un placer.
¡Joder! ¡Qué miedica soy! Esto no puede ser, me di la vuelta para marcharme y alguna fuerza oculta me impulso a girarme de nuevo.
- Podías invitarme a un té calentito, ya que te he acompañado, es lo menos que podías hacer.
¿Cómo podía haber dicho eso? Yo no hablaba era mi subconsciente.
- No tengo.
Mierda la he cagado, si sabía yo que no tenía que decir nada.
- ¿Si te vale un café?
Eh! Pensé para mis adentros.
- Claro.
- Pues ven, sube.
De nuevo el silencio se hizo dueño y señor, nos quedamos mirándonos el uno al otro. Su mirada parecía abrirme la puerta hacía sus labios, sin embargo mi miedo cerraba de un portazo. Una vez arriba me invitó al salón, ella se fue a preparar el café y por lo que se escuchaba a poner música, Enya más concretamente. Instancias después ella volvió y se sentó a mi lado.
- El café estará listo enseguida.
Empezamos hablar y yo era capaz de responder, ¿estaría venciendo mi miedo?. ¡Esto es un sueño! Ella cada vez hablaba más bajo, por lo que a cada instante estábamos más cerca. La invitación estaba clara, sus carnosos labios permanecían entreabiertos esperando los míos, pero mi miedo me mantenía preso todavía.
La cafetera comenzó avisar, el café estaba listo. Ella giró la cabeza, luego me miró y se fue a por el saimaza. Mientras esperaba me decía a mí mismo "tienes que atacar". Me prometí a mí mismo que cuando volviera lo haría.
Mi diosa sirvió las bebidas y se sentó un poco alejada, muy difícil para mi ataque, el miedo gana de nuevo.
- Eh (lo dije en un tono muy bajo aturdido por los acontecimientos).
Ella se acercó, rompiendo las barreras de seguridad.
- ¿Qué?
Yo me abalancé sobre sus labios, pero para mi sorpresa me tope con su mano. ¡Oh, mierda la he cagado! Proseguimos hablando, muerto de la vergüenza y sintiéndome desgraciado por el fracaso. Ella se me volvía acercar, me provocaba y yo hipnotizado por su tremenda belleza permanecía inmóvil, deseándola nuevamente, olvidando la negativa, aferrándome a la esperanza.
El reloj marcaba ya las cuatro de la mañana, pero esto no mermaba en absoluto mi excitación. Al día siguiente tenía que trabajar a eso de las 9, pero eso no me importaba y eso que no estaba pasando lo que yo quería.
Ella me susurró al oído, pero no logre entender que me decía. Volvía a susurrarme, seguía sin entenderla, se reía y volvía acariciar mis orejas con sus dulces palabras. Ni la entendía ni hacía ya por entenderla, simplemente disfrutaba de la brisa que provocaba el susurro. ¡Dios mío! A la próxima va la vencida, me da igual que me vuelva a negar, no puedo contener tanto deseo, es antinatural.
Me abalancé sobre ella con mi instinto animal por bandera, pero ella me volvió a frenar con la mano, sin embargo con la otra agarro fuerte mi cuello.
Me puso la mejilla en los labios, luego su comisura, después sus carnosos labios abordaron los míos durante un instante. Se separo unos diez centímetros y coloco su índice sobre mis labios, como si así amansase a la fiera que llevo dentro. Instantes después con la otra mano me empujó hacía el sofá. Otra batalla épica se sucedió entre nuestros labios. Mis manos recorrían su cuerpo, disfrutando de sus curvas, sintiendo la emoción de tomarlas a toda velocidad. Una de mis manos se detuvo sobre su culo, había encontrado su hogar. ¡Que duro estaba!
De vez en cuando nos separábamos durante milésimas de segundo para retomar con más fuerza los besos. Pasados los diez minutos y cuando el cuerpo pedía más, mi ama se paro en seco y mi miró con lujuria. Mis manos asaltaban, cual bandoleras su cuerpo pero las suyas las frenaban intentando agarrarlas, al final lo consiguieron. Mi reina me las coloco debajo de mi nuca.
- Las manos quietas.
Sus ojos lujuriosos seguían invitándome a la batalla, su sonrisa se transformó en la más pícara. Sonrió y se quitó el vestido y lo lanzó al infinito. Agarró mi cuello y poco a poco acercó sus senos hacía mi boca. Mi instinto animal destrozaría mis vestimentas y atacaría cual bestia, sin embargo me sentía preso del hechizo y siervo absoluta de mi Afrodita.
Su pecho estaba por fin al alcance de mi lengua, que sin dudarlo se lanzaba al ataque intentando tocarlo. Cuando me quise dar cuenta estaba llenando mi boca. Cada vez se me echaba más encima y mi cara estaba desbordad pos sus poderosos senos, casi me ahogaba comiendoselos cual muerto de hambre, estragado por el deseo incontenible. Cuando me harté de repetir y sin decir nada, como si ella se hubiera dado cuenta por si sola, comenzó a ofrecerme su abdomen, para que lo lamiera como un perro.
Ya se podía oler su sexo y sentía su humedad sobre mi pecho. Me hallaba completamente excitado deseando llegar a su coño para lamerlo hasta desgastarselo. Y no tardo en llegar el momento, ¡Por fin! ¡Qué bueno estaba, Dios! Ella comenzó a gemir y a golpear su coño contra mi. Tenía la polla a punto de estallar. Aumentó la frecuencia de las sacudidas, yo apreté más fuerte su culo. Sus gemidos no cesaban y cada vez apretaba más su maravilloso coño contra mí. Hasta que:
- Ahahahaaaaahaahahahahahaaaahaaa.
Se corrió como una perra y gimió como una loba. Vaya gritos, casi me corro hasta yo.
Después de ahogarme en su sabroso sexo comenzó a bajar dejando un reguero desde mi cara hasta mi polla. Estaba chorreando y al sentir su húmedo coño sobre mi pene mi excitación se me multiplicó. Sentía que la maquinaría estaba a punto de petar.
Continuó besándome por la boca, parecía muy agradecida con mi labor, la cara se le llenaba de satisfacción. Su lengua recorría mi cuello mientras con sus manos acariciaba con excitación mi nuca. Decidió que el cuello ya estaba conquistado y lamió mi pecho, lo mordió, lo volvió a lamer, lo relamió. Empezó a gustarse y no se sentía satisfecha con la conquista realizada así que fue también por el abdomen, luego bajo más y lleno de lametadas los alrededores de mi poderoso pene. Mientras me lamía cuando mi excitación estaba a punto de colmar el vaso agarró mi sable con su mano, lo hizo suyo.
Parecía ya que iba a desaparecer mi fresón del alcance de mi vista pero no. Decidió parar y subir de nuevo hacía mi cara. ¿me voy a quedar sin chupada?, pensé por un momento.
Cuando todo parecía presagiar que me iba a besar, dejó caer su melena sobre mi cara, luego la deslizó sobre mi pecho y sobre mi abdomen. A mi me daban un escalofríos brutales y la excitación como mi pene creció más si cabe. Su melena siguió los pasos de la anterior conquista y se puso sobre mi arma letal. Movió la cabeza dos veces de derecha a izquierda y luego me succionó todo con su boca, una y otra vez, una y otra vez. ¡Oh, Dios! ¡Qué placer!. Mi cuerpo preso de un terremoto anunciaba la eyaculación.
- Ahahahaahaahahaahaaha.
Al oír mis gemidos ella succionó con más fuerza mi pene, justo hasta el instante en el que las convulsiones anunciaron la descarga. A parto su boca, la agarró con fuerza y me llevó al orgasmo.
- Ahahahahaaaaahhaa.
Mi semen cubrió sus tetas y a continuación sin darme un respiro me puso un condón y...
- Ahora me vas a follar hasta que yo te diga.
Se sentó sobre mi montura y comenzó a cabalgar, sus pechos libres botaban y mi pene hervía de nuevo.
¡Dios! Ah ah ah. Se dio la vuelta y continuo cabalgando. ¡Qué culo! ¡Vaya nalgas! ¡Qué forma de follar!
Luego se puso a cuatro patas.
- Ya sabes lo que tienes que hacer verdad.
Golpee con fuerzas sus nalgas una y otra vez, otra vez y una, hasta que...
- ahahahahahahaaa
- ahahahaahahaaaahhaa
nos corrimos a la vez y de forma brutal.
¡Vaya polvo! ¡Qué orgasmo! ¡Me cago en la puta, si que merece la pena vivir!
Al acabar me abracé a ella y ................. |