El grito de la esperanza
(by Tuky)
Él se despertó asustado, ardiendo, tembloroso. A penas podía saber donde se encontraba, y eso que llevaba horas mirando su habitación. Cuando pudo recuperar un poco de aliento, vio que su reloj marcaba con melancolía las 3.16. Tan sólo habían pasado 6 minutos. 6 minutos de una agonía total, de una agonía que le hizo casi perder la razón.
Todo comenzó 6 minutos antes. El se encontraba allí inmóvil, semiinconsciente, viendo la realidad a través de los ojos de esas criaturas. Intentaba gritar, gritar alto, sabía que en segundos todo acabaría, pero nadie le oia. Aquella cruel y dolorosa realidad se mezclaba con pensamientos de una vida mejor, con deseos y sueños que se agolpaban en tan solo un instante de vida. Ni sus anhelos más profundos ni sus gritos desesperados le ayudaban a salir de tan traumático trance.
Giro lentamente su cabeza hacía la izquierda, eran las 3.10. Él sabía que lo peor estaba por llegar. Sin poder apenas moverse, agarró fuertemente sus manos y las elevó lo por encima de su cara. Las dejó caer con fuerza una, dos, hasta tres veces contra su cara para ver si el tremendo impacto conseguía sacarle de aquel túnel de dolor. Los brazos le pesaban como losas al tercer intento, apenas podía moverse y ya no se escuchaba así mismo en el momento en que la oscuridad iluminaba su esperanza.
Los demás le miraban divirtiéndose, le observaban con burla, con sorna, con escarnio. Disfrutaban con el terrible show. Tan sólo era un joven de 24 años postrado en una cama, inmóvil, asustado, ardiendo, tembloroso. Pero eso no lo tenían en cuenta, tan solo era un punto a favor para sumar emoción y morbo a aquellos seres. No conseguía salir de estado de shock, luchaba con todas sus fuerzas para salir de aquel viaje tan equivocado como innecesario. De repente la puerta de su habitación se abrió, alguien vino a despertarle, y el vio tranquilo como el reloj marcaba las 3.16. Respiró tranquilo, todo volvió a la normalidad y dijo que estaba bien. Pero no lo estaba.
Cuando intentó moverse, sus piernas no existían, cuando intento agradecer a la persona que le sacó de su trance, ella ya no estaba allí, y la angustia por sobrevivir se apoderó de él. El reloj volvía a marcar las 3.10. Su corazón palpitaba la sangre con cada vez más fuerza. Un solo susurro a su oído hubiera bastado para alcanzar la paz eterna. Seguía oyendo esas voces, notaba aquellas miradas de esos seres que le clavaban como escalofríos recorriendo su alma, que ardía en el desasosiego y en el dolor mientras sus deseos de escapatoria se congelaban en un vacío del que sus palabras de auxilio no podían escapar.
Nuevamente se abrió la puerta, una voz familiar le despertó, le dijo que había sido un mal sueño, que todo estaba bien. El sentía ahora realmente que las cosas eran reales, que volvía a sentir sus piernas y que esas miradas y voces extrañas habían desaparecido. Fue a recuperar el sueño para mañana poder madrugar en la mejor forma posible, pero un detalle hizo estremecerse: cuando giró la cabeza a la izquierda vio que su reloj marcaba las 3.16.
Rápidamente se levantó de la cama y se sentó delante del ordenador para escribir estas lineas.
3.44h. |