Nosferatum 5
(by ErDavi)
Continuamos la velada en un lujoso e intimo restaurante, donde el vino corrió presuroso por nuestras gargantas, todo estaba muy animado y las chicas se habían caído genial. Parecían incluso amigas de toda la vida y nosotros pues para que contar, era un placer poder vivir esos momentos con una chica encantadora y el amigo que más quieres. Es como tener el mundo en tus manos. De postre el camarero nos trajo la especialidad de la casa una exquisita tarta de chocolate con un sabroso toqué de café.
La sobremesa prosiguió por los mismos derroteros que el resto de la noche y nuestras confesiones más personales iban surgiendo de nuestros fueros más internos. Incluso salió una teoría de hace años que Patrick tenía acerca de los tangas. Os la voy a contar porque cada vez que la oigo me resulta cuanto menos divertida.
“Cuenta la leyenda que una mujeres voluntariosas y con ganas de cambiar el mundo conspiraban en el trastero de una vivienda familiar a las afueras de París. Estaban deseosas de poder, querían tener a los hombres a sus pies. Durante años pasaron noches y noches encerradas en aquél trastero, entre risas y teorías sobre como hacerse las dueñas y señoras del planeta, la mayoría eran difíciles de llevar a cabo y no contaban con los medios suficientes. Una de ellas era una reconocida modista y un día tuvo la gran idea. “Queridas amigas, he encontrado la solución se me ocurrió mientras observaba como uno de los chicos de seguridad miraba el culo de todas las modelos que lucieron mi nueva colección. Tenemos algo que a los hombres les vuelve locos y es nuestro culo, hasta ahora a vivido oprimido por las bragas, pero he tenido una gran idea. ¿Y si suprimiéramos esa tela que sobra y lo dejáramos en un pequeño hilo que se ocultase entre nuestras nalgas? Creo que los hombres caerían de forma definitiva rendidos a nuestros pies. En un momento dado podríamos agacharnos y os garantizó que estarían tan distraídos con mirarnos el culo que podríamos aprovechar para hacerles decir que sí a cualquier cosa, ya no va a hacer falta ni acostarnos con ellos” Y así es como surgió el tanga, nuestra perdición”.
Las chicas se rieron mucho con la historia y por casualidades de la vida las dos llevaban tanga y se empeñaron en enseñárnoslos. Después de ver esas terribles armas, pusieron una cara picará y nos dijeron al unísono:
- ¿Ahora podemos hacer lo que queramos de vosotros, no?
Empecé a notar un calor intenso y difícil de soportar sobre mi pecho. Ya te digo que pueden hacer de nosotros lo que quieran, mi pene habla ya por mí y sólo pienso en satisfacerle. Joder Patrick, para que se lo cuentas, que va a ser que es cierto.
El restaurante estaba vacío y los camareros recogiendo las mesas que rodeaban la nuestra, era el momento de marchar y decidimos irnos los cuatro a rematar la noche a casa de Patrick. Una vez allí este saco una botella de vino reserva del 97, estábamos repartidos en dos de los cuatro sofás que había en el salón junto a la mesita y frente a la chimenea.
Nuestros deseos carnales más ocultos dejaron la oscuridad. En un instante de lujuria y de querer impresionar a nuestras chicas con nuestra libertad sexual, Patrick y yo nos dimos un terrible beso de tornillo, y oyes la verdad es que no estuvo nada mal mi amigo besaba mucho mejor que muchas de las chicas con las que he estado, Stefannie y Yamila también se dieron un morreo.
Y después de eso cada oveja con su pareja, pero todos en el mismo aprisco. En ese momento me di cuenta que no estaba enamorado, ya que mientras estaba haciéndolo con Stefannie miraba el culo de Yamila. Tenía la piel tostada, melena negro azabache, la cual le llegaba justo hasta donde termina la espalda, los ojos color miel y las facciones eran pinceladas que ni el mismo Velázquez se hubiese atrevido a plasmar en sus cuadros, ya que a un dada su reconocida pericia sólo habría podido profanar la esencial belleza que radicaba en estas. Mi amigo miraba también a Stefannie y en un momento nuestras miradas coincidieron provocando una sonrisa de incomparable complicidad.
Los sofás se hacían cama, por lo que nos quedamos los cuatro durmiendo en aquel enorme y bello salón. La mañana llego pronto y la luz del día nos despertó a todos de forma dulce, como la caricia de una madre que levanta con cuidado a su hijo para desayunar antes de ir al colegio. ¡Qué bellas son las mujeres al despertar! Por mucho que digan muchos lo contrario. Me encantó despertarme entre aquellas mujeres tan bellas y mi amado amigo Patrick, el desayuno fue una exquisitez donde se intercambiaron frases, miradas y caricias de un valor incalculable. Cada vez que recuerdo aquella mañana una sensación de felicidad invade mi ser llenándolo de satisfacción.
Era sábado y no teníamos que trabajar ninguno así que nos fuimos a pasar el día juntos, paseamos por el parque, tomamos café en el tour-té y comimos en un genial restaurante medieval. La verdad es que estaba empezando a cogerle el gusto a esto de estar con una chica más de veinte horas seguidas. |