Nosferatum 7
(by Er Davi)
- Hoy es domingo, así que hasta el martes por la noche estoy libre como un pajaro.- Sonrió a la par que estiraba los brazos como si fuese alzar el vuelo. La verdad es que su frase no podría a ver expresado mejor como se sentía.
En ese momento una idea de esas locas que me vienen a la cabeza de vez en cuando colapso mis pensamientos.
- Ahora vengo. Ve llamando un taxi.-
Me fui a una habitación y llamé a Yannis, mi hombre de confianza y le informe que el lunes y el martes no iba a ir a trabajar.
- ¿Has llamado ya al taxi?- la dije con una sonrisa de oreja a oreja.
- Pues si, ¿Dónde quieres ir? Luego he de hacer cosas que tengo la casa patas arriba.
- Ya lo verás, tu tranquila. Es una sorpresa hasta para mí, jajajaja.
Bajamos y el taxi ya nos esperaba
- Por favor al Charles de Gaulle.
- Pero que dices estas loco, no, no, no le haga caso.
- Tranquilo, no se preocupe, le gusta hacerse derogar.- Le miré sonriendo, como diciendo ya sabes como son, el asintió agitando los pelos de su bigote mientras enseñaba su maltratada dentadura.
- Hay algo que no entiendes, sólo quería tomar un café contigo por conocerte un poquito, llevas mucho tiempo viniendo a Nosferatum y eres de los pocos que no ha intentado ligar conmigo, sin embargo siempre te he visto con otras chicas y me preguntaba ¿Por qué a mi no?
- Tengo un plan, aunque parezca mentira. Consiste en ir al aeropuerto y coger el primer avión que salga a un destino cuyo viaje no duré más de hora y media. Has dicho que te sentías libre como un pájaro, pues volemos como estos. Evadámonos del mundo, descubramos nuestra esencia, soñemos juntos por una vez. ¿Es que acaso te parece un mal plan?
Debieron pasar lo menos tres ángeles ya que el silencio se prolongo hasta las cercanías del aeropuerto. Tenía la mirada desencajada, parecía deseosa y temerosa a la vez. Con ganas de volar, pero con miedo a caer.
Próximo vuelo en veinte minutos, Venecia, aeropuerto Marco Polo.
- Venecia, ¿Qué te parece?, corramos a ver si nos da tiempo
- Pero si es que ni siquiera tengo ropa.
- Vamos alegra esa cara, que va a ser genial, lo presiento.
Y así fue como sin darnos apenas cuenta nos encontrábamos en medio de la plaza de San Marcos.
A cinco minutos de allí encontramos un hotel donde hospedarnos, Bauer Hotel. Teníamos bastante hambre así que según llegamos nos dispusimos a satisfacer nuestros estómagos. El restaurante del hotel era precioso y tenía unas vistas de ensueño, daba al gran Canal. Invitaba a desconectar por completo, a soñar, a ser uno mismo.
La velada fue estupenda, pero el cansancio amenazaba ya nuestros semblantes, por lo que nos fuimos a la habitación. Esta tenía un baño precioso de mármol y una inmensa cama matrimonial, con una colcha dorada, había un par de cuadros a cada cual más bello, si bien me quedaría con el que representaba las vistas que hay desde lo alto del Campanile de San Giorgio Maggiore.
- ¿Sigues pensando que ha sido un error venir aquí?
- Puede, aunque es todo tan bello, es como estar en otro mundo, y eso que París es precioso, pero no se, esto es diferente. El agua rodeándolo todo, como si la ciudad flotase. Jajajaja, es gracioso porque en realidad es como me siento.
- Jajajajaja, yo también me siento así, pero creo que la ciudad no es la única culpable. Ha sido un día maravilloso desde verte dormida en el sofá de mi casa, pasando por la cara de felicidad que se te ponía al declarar tu libertad, hasta los soñadores ojos que se mostraban en la cena mientras me contabas tus ilusiones.
- Jejeje, se me olvidaba, que vergüenza, no se porque lo he hecho, normalmente no soy tan confiada con nadie.
Según acababa de decir esto, nuestras miradas se encontraron y se dijeron la una a la otra, te estaba esperando. Nos comenzamos a besar y las sensaciones fueron inenarrables. Jamás me había sentido así al besar a alguien, estuvimos horas y horas descubriendo nuestros cuerpos.
Su piel era amelocotonada, excepto el tatuaje que anunciaba su terso y redondeado culo. Sus pechos eran como dos manzanas que desafiaban a la ley a la que una vez dieron vida. Su vientre liso y el tete sobresalido eran exquisitamente suaves y cuando apoyaba mi cabeza sobre estos era como si encontrase mi verdadero hogar. Sus manos delicadas pinceladas del perfeccionista Van Dyck desprendían un amor caramelo. Sus labios, peras de agua, eran sabrosos, jugosos y osados. En definitiva tenía un cuerpo mucho más armonioso de lo que dejaban entrever sus ropajes. Podría estar horas y horas intentando describir las sensaciones que este me provocaba y aún así nos harías una idea clara. No había dudas, era sin lugar a dudas una Diosa, cuanto menos Afrodita.
Cuando nos despertamos era ya casi la hora de cenar. Nos levantamos calmadamente enredados en besos que nunca terminaban, y que por dios nunca lo hicieran.
Fuimos a cenar al barrio del Arsenal a un osterie, donde tomamos un delicioso risotto al mare. Después siguiendo los consejos de un hombre que pasaba por la calle nos fuimos al Harry´s Bar que quedaba cercano al hotel donde probamos el cóctel Bellini. No estaba nada mal y al tercero cuando el alcohol empezaba actuar como sedante nos fuimos al hotel.
Una vez en la habitación tomamos la determinación de mañana aprovechar un poco más el día y dar un paseo en Góndola, pasando por debajo de los famosos puentes de los suspiros y rialto y dejando a un lado la punta de la Aduana, el espléndido palacio de los Dux o nuestra más que vista basílica de San Marcos. Así que nos dimos sólo unos mil besos y nos entrelazamos hasta que el sueño nos abrazo a los dos.
Despertamos entre risas, besos y carantoñas. El desayuno fue uno de los más románticos que recuerdo, en la terrazita del hotel junto al Gran Canal. Millones de miradas, de gestos, de muecas no paraban de hablar acallando las excesivamente utilizadas palabras. Teníamos nuestro propio lenguaje y eso en tan sólo dos días, la verdad es que asustaba. Por primera vez en mi vida no tenía la sensación de haber aprovechado todo lo que una persona te puede ofrecer. Se podría decir que estaba enamorado, porque lo estaba, vaya que lo estaba.
Tocado, hundido y flotando por encima de todos, nadie podía ser más feliz que nosotros, no cabía lo posibilidad, como mucho igual y lo pongo en duda.
El día como cada rato con Cloe fue perfecto y el tener que dejarla en la puerta de Nosferatum para que trabajase fue un suplicio. Me sentía tentado a decirla que abandonase el trabajo, que tenía dinero de sobra para los dos y los que pudieran venir. No lo hice por miedo, y si se lo toma a mal, son dos días, vamos que no me atreví.
En casa un montón de pensamientos me comenzaron a rondar, ¿estoy preparado ya para tener familia? Pero sobre todo un pensamiento me taladraba y es que yo había dicho que por Cloe sería capaz de creer en el amor mucho antes de quedar con ella. Y me preguntaba ¿Será una premonición o será que me he permitido a mí mismo amarla si surgía? |