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Relato inspirado en la
obra de H.P. Lovecraft. Gracias por tantos momentos de terror.
No sabría decir con claridad lo que ocurrió aquella noche. Sin embargo, los
acontecimientos sucedidos cambiaron mi vida.
El agua y el fuego, la tierra y el aire. Los cuatro elementos en conjunción.
Una noche mágica en todos los sentidos. Se celebraba la noche de San Juan,
el solsticio de verano, la noche mas corta, pero para mí la mas larga.
Este año sería diferente, este año viajaríamos a una pequeña cala, poco
conocida, y sin duda nada visitada. Allí haríamos nuestra hoguera. Y
pondríamos en marcha unos rituales sacados de un antiguo libro de magia que
encontramos en el desván de la casa de un amigo.
Estábamos bien aprovisionados, bebida, comida y algo de música para amenizar
la noche. La cala estaba recogida del viento, y la fina arena revitalizaba
la circulación de nuestros pies al cálido contacto con estos. El cielo
estaba despejado y las estrellas brillaban con insólita luminosidad. El agua
de mar besaba en cada sacudida la sinuosa línea de la playa, volviendo esta
a su seno caricia tras caricia. Al fondo de la cala una pequeña cueva
penetraba en lo profundo de la tierra, y de la que salía un arroyo que
terminaba muriendo en el mar.
Comenzamos con un conjuro sencillo, el cual garantizaba que se podría
conseguir el amor de una doncella si se depositaba bajo la hoguera un chorro
de leche mezclado con otro de miel. Así lo hicimos, sinceramente sin
depositar muchas esperanzas en un resultado provechoso. Tras este vinieron
mas y más conjuros, para mejorar nuestra fortuna, para protegernos de
diversas enfermedades, lo que fuese. Lo importante era pasar el rato.
Entre risa y risa, y en un momento que alcé mi mirada hacia la cueva, me
pareció ver en lo mas profundo, un par de ojos que estaban clavados en mi
grupo, unos ojos intensos, brillando con extraña luminosidad. Por un momento
dude, baje la cabeza, pero al alzarla de nuevo no encontré ni rastro. Tal
vez el alcohol estuviera empezando a afectarme.
Seguimos bebiendo en torno a la hoguera, recitando pasajes extraídos de
aquel viejo libro. Concentrados en un ultimo conjuro, no nos percatamos de
aquellas personas que se acercaron a nosotros, vestidos con túnicas pardas y
con lentos andares en los que arrastraban los pies descalzos se colocaron
formando un circulo tras nosotros en la hoguera. Bueno, quizás estuviesen de
paso buscando algo diferente para esta noche y decidieron unirse a nosotros.
Al principio en silencio, pero progresivamente empezaron a unirse a nuestro
cántico, las voces sonaban bastante toscas, primitivas, y nos era difícil
verles la cara. Se pusieron de pie mientras seguían recitando. Sin duda no
era la primera vez que lo hacían. Por primera vez tuve miedo.
Alcé la cabeza, a la luz de la hoguera pude ver ligeramente el rostro de uno
de los encapuchados, tenia la cabeza hinchada, plagada de verrugas unos
labios enormes y unos desproporcionados ojos saltones. Parecía mas un sapo
que una persona.
El cántico se hizo mas y más rápido, ahora solo eran ellos los que cantaban,
con voz más grave acompasaban sus cánticos con paulatinas palmadas. Mis
amigos salieron corriendo, yo lo intente, pero tropecé y me quede rezagado.
Desde una posición algo mas alejada volví la vista atrás. Las figuras se
despojaron de sus túnicas. Sus cuerpos estaban igualmente hinchados y llenos
de pústulas y verrugas. El cántico había terminado. Un ligero viento sacudió
la hoguera. Y un humo verde empezó a brotar de ella.
Las aguas antes tranquilas, se animaron con repentina violencia. Una de las
figuras se volvió a mí, me tendió su mano y me profirió unas palabras, las
que a duras penas pude entendí: ”Ven a nosotros, Se nosotros, cumple con tu
destino”.
El agua empezó a bullir con fiereza a la entrada de la cala. No podía
comprender lo que estaba sucediendo, quienes eran estos seres, y a que se
referían con cumplir mi destino.
Me levante como pude, y corrí al coche donde mis amigos me esperaban y me
llamaban a gritos. Al abandonar la cala no pude dejar de observar las aguas
y ver como otra figura de considerable tamaño comenzaba a surgir. ¿Que
demonios habíamos hecho?
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