Yo paseaba despreocupado cundo ella me miro al pasar a su lado, sin mas, un triste hola fue todo lo que salió de sus pequeños y carnosos labios. La veía prácticamente todos los días sin percatarme de su presencia, pero aquel día fue distinto. Cuando marche a casa para dormir ella se apostaba en el bacón y yo no se porque pero la mire cuando pasaba por debajo.

Aquella noche se me hizo muy larga. Me costo mucho conciliar el sueño, pues aun no sabia el porque todos los recuerdos de ese día se vieron reducidos a las dos ocasiones en que me cruce con ella. Sin mas, la ensoñación se apodero de mi mente y todo acabó, pero a la mañana siguiente me desperté con la seguridad de que me iba a cruzar con ella en el rellano del porche.

Así fue, y el destino caprichoso hizo que la sensación de verla al salir de mi casa se fuese apoderando de mi cada mañana. La siguiente vez fue mas intensa, pues me percate en el insípido hola que me lo dijo mirándome directamente a los ojos, y en esa ocasión un fino color azul fue el recuerdo que me quedo del día.

Cuando desperté, algo mas tarde de lo habitual, salí de casa apresuradamente para que me diese tiempo de cruzarme con esos ojos de azul intenso, y entonces comprendí que la sonrisa que me procuro se clavo profundamente en mi persona. Ella con voz entrecortada me volvió a sonreír y me dijo que aquel día era estupendo porque era la primera vez que la miraba fijamente.

En ese momento no supe exactamente que hacer y la devolví la sonrisa para sin mediar palabra marcharme. Cuando aun no se había cerrado la puerta mi corazón comenzó a latir desmesuradamente, y me di la vuelta de repente con la esperanza de volver a fundir su mirada con la mía, pero ella ya no estaba allí.

Pasaron unos cuantos días sin verla y fue cuando me di cuenta de que empezaba a sentir algo inexplicable, que echaba de menos el cruzarme con ella cada mañana, y de que a mis días les faltaba algo que se había convertido desde hace poco en una dulce rutina. Me estaba enamorando, pero pensé que era imposible porque los grandes amores no se simplifican en meros encuentros casuales, con una persona que jamás había despertado mi atención.

Pero algo ocurrió, porque los días eran eternos y no me sentía lleno desde que no la veía. Con esta sutil confusión mi tembloroso cuerpo se acostaba cada día con la sensación de que me quedaba algo pendiente.
Y al fin llego el día en que la volví a ver, desde lejos, y me apresure a su encuentro solo con el deseo aferrante de saber que es lo que había pasado días atrás. Al cruzarme con ella, su sonrisa fue la mas dulce que me habian echado nunca, y sin dejarla decir absolutamente nada, me pregunte si seria capaz de hablarle y asi lo hice. La pregunte que es lo que la habia pasado y porque no la habia visto, y mi voz bajita y entrecortada comenzó a delatar mi nueva y bonita condición.

Tanto me delato que ella incluso se ruborizó y tratando de ocultar su sonrojo contesto firme que no nos habiamos visto p’orque estuvo ocupada y que porque lo habia notado. El que se ruborizó ahora fui yo. A que venia esa pregunta, talvez me estaba examinando, o por lo menos eso es lo que mostraban sus preciosos ojos azules. Preciosos ojos azules, pense. Es verdad, estaba sucediendo, me estaba enamorando de ella. En ese momento la dije que lo notaba en que me extrañaba que viéndola todos los dias a la misma hora, de repente faltase.

Pero la dije ademas que deberíamos vernos mas y asi sin pensarlo fue cuando me convencí que no estaba enamorado, que en vez de eso estaba loco, loco por ella, el estar enamorado era algo que ni siquiera llenaba los sentimientos que tenia hacia ella. Era algo mas, algo aun mas profundo. Esta aberración de sentimientos y situaciones que pasaban raudas por mi cabeza, fueron súbitamente interrumpidas por su dulce voz para decirme que podiamos quedar cuando yo quisiese que solo debia llamarla y que eso seria suficiente.

En ese momento algo paso por mi cuerpo, algo estupendo y maravilloso, algo que crecía desmesuradamente en mi interior. Creo que es felicidad, pero no estoy totalmente seguro. No lo estoy porque yo pensaba que ya era feliz, pero si de verdad lo era, que era aquello que me estaba pasando. Si, esto es lo que debe de ser la felicidad. Este fue el pensamiento que seguidamente paso por mi cabeza, no había sido feliz hasta ahora.

Después de una rápida y mala recopilación de ideas un deseo irrefrenable me arrastraba, me llevaba hacia ella y me hizo agarrarla su mano. Esta temblando, note. Pero no era la mano de ella la que temblaba sino la mía propia. Porque tiemblo, no lo entiendo, porque me pasa esto tan de repente. Estaba realmente nervioso y no me podía creer lo que me sucedía, era la primera vez que temblaba al estar con una mujer. Ella se dio cuenta de mi nerviosismo y con la mayor de la tranquilidad se soltó de mi mano para decirme algo.

No la deje. No podía hacerlo, y en ese momento la bese. El pelo se me erizó, mis labios temblaban, y las piernas apenas me sujetaban de pie cuando ella me devolvió ese eterno beso. Sin mas, ella se despidió emplazándome por la tarde en su casa, se dio la vuelta y se marcho. Y allí me quede yo, en medio de ninguna parte, con escalofríos y temblores que recorrían mi cuerpo. Por fin reuní las fuerzas suficientes para marcharme a casa y después de una interminable mañana de preparativos baje a la suya, dispuesto a estar mas sereno y seguro de mi mismo. Llame con firmeza a su puerta y espere. Espere. Espere.

Cuando cayo la noche alli me hallaba yo, esperando ante aquella enorme puerta, esperando a nada, sin esperanzas y preguntándome mil porqués. Me marche a la cama para no dormir, y a l a mañana siguiente baje a la hora de siempre para poder ver su angelical cara, pero ese dia tampoco apareció.

Cuenta mi cuerpo ya con 70 años y sigo bajando mañana tras mañana a la misma hora al rellano del porche. La gente ya me toma por loco, y cuentan historias sobre mi, sobre los 40 años que llevo repitiendo lo mismo día tras día y de cómo todos los miércoles de semana espero junto a su puerta hasta el anochecer con la esperanza de que ella la abra. Pero no abre, y mi cuerpo ya no tiembla solo por la emoción, sino que cada vez con mas fuerza lo hace por el paso de unos años llenos de tristeza.

A la mañana siguiente baje como cada día, sin faltar a mi cita, a la misma hora, y en el mismo lugar, y allí estaba ella. Seguía joven y bella, con la misma cara y los mismos ojos sonrientes que habitaban en mis recuerdos, y la escena se repitió, y mi mano temblorosa por la emoción y la mella del tiempo, la cogió de su mano para después volver a besarla, y me volvió a emplazar aquella tarde delante de aquella enorme puerta. Baje, llame con firmeza y espere. En ese momento la puerta se abrió y ella me invito a pasar. Cuando cruce el umbral de la puerta, mi cuerpo se lleno de energía al ver que al otro lado no había una casa, sino que en su lugar había un jardín, con un enorme espejo reflejando mi cuerpo que de nuevo era joven.

De repente oí su voz y comencé a temblar de nuevo, pero los temblores habían cambiado, ahora eran placenteros, y nuevas energías los recorrieron cuando de su boca broto un beso y unas hermosas palabras.
“ Aquí estaremos juntos para siempre”.