Round 2 - Er Davi
Eran las siete de la mañana cuando recibió una llamada de recepción, el conserje le comunicaba que la policía había venido a buscarle. Con la resaca en plena ebullición, se levantó tamborilero su corazón, mientras su mirada apagada e inmersa aún en visiones subrealistas, luchaba contra él, empujándole de nuevo a la cama.
Su cuerpo colapsado por el pánico se lanzó a ciegas en busca de los acontecimientos que se le venían encima. La puerta comenzó a temblar, era inminente su puesta en manos de la justicia.
Abrió la puerta con resignación y dos hombres musculosos se tiraron sobre él, dejándolo reducido en menos de un segundo. Engrilletado y boca abajo sentía una presión excesiva en su sien. Carlos, clavaba su rodilla sobre ésta.
Una voz grave sacudió la habitación.
- ¿Cómo has podido? Lo vas a pagar caro forastero. Tu carrera sea cual sea, ha llegado a su fin.
Su nuez se secó y sus ojos, dormidos instantes antes, se tornaron en platos. Otra persona entró en la habitación.
- Inspector, este es el individuo que golpeó a Petros II.
- Parece un pobre hombre, dejad que le vea bien la cara.
José no se atrevía a mirar directamente al Inspector, se sentía culpable y avergonzado. No se reconocía en aquel individuo que ayer maltrató al pobre Pelícano.
- Carlos, enciende el equipo, vamos hacer cantar a este bribón.
Carlos obediente conectó el equipo de música, Queen, sonó con estruendo y el Inspector, que no era otro que Patrick de la Fontaine, comenzó a contonearse junto a nuestro perplejo protagonista.
- Eres muy malo José, jajaja….., ¡Me gusta! ¿Qué te ha parecido el espectáculo?
José intentaba articular palabra, pero el exceso de emociones vividas no le dejaba. O tal vez no, quizás fuese la presencia de Patrick.
- Toc, Toc, Toc. Señor José, su desayuno.- Gritó una voz afeminada.
Pero qué resaca, otra vez sus ojos pesados luchaban por abrir las puertas al mundo.
Había sido un sueño,… parecía real,… o podría haberlo sido. Sin embargo para desgracia de nuestro carismático aventurero, no era así.
Bajó a desayunar, despojándose de la puntualidad de la que había hecho gala durante toda su vida. Tomó un café con Bayleis, dos tostadas y una naranja de Valencia. Echando un vistazo al periódico local, por ver las fotos, ya que desconocía el idioma, vio una donde aparecía Petros II. El miedo hizo de su nuez un nudo marinero. Recordaba lo mal que lo había pasado en el sueño, cuando creía ser un delincuente.
Salió con la intranquilidad latente en cada poro de su cuerpo. Hoy no tenía ganas de coger la bicicleta, sus piernas faltas de energía parecían romperse a cada paso. Con la mirada perdida recorría las callejuelas estrechas de la isla, enredado en pensamientos que no llegaban a ningún fin.
Cuando tomó conciencia, se encontraba en lo que se llama la Pequeña Venecia, frente a un restaurante, donde pretendía atiborrarse con el fin de olvidar sus preocupaciones actuales.
¡Patrick de la Fountaine, con una mujer!. ¡Petros II! ¿por qué la pagaría con él?.
Pidió unas salchichas de Mykonos hechas con carne de cerdo y hierbas aromáticas, un plato de Lardi y para terminar un delicioso pastel jorchata y una tarta Tirovolia, que no logró terminarse.
Lleno y con los ojos pesados, se encamino hacía el Hotel. Como una visión apareció Petros II, instantes después surgió otro junto a él, y después otro, y otro. Perplejo ante la situación, preguntó a un lugareño quien era en realidad Petros II y éste amablemente le respondió que era una leyenda sobre los Pelícanos que poblaban la isla.
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